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San Valentin Parte 2: El Despertar de la Sexualidad

Zoe se quedó mirando fijamente el largo espejo que tenía en el corredor del pasillo, concentrándose en su propio reflejo mientras aplicaba su pintalabios pigmentado de un profundo color sangre. Un hermoso carmesí que solamente podía ser visto al mirar profundamente en el centro de un granate que revelaba palabras contenidas de deseo. Había elegido ese color de manera intencionada y, aunque tenía estampado en sus labios el mensaje de una mujer segura e inquebrantable, sus pensamientos internos eran completamente lo contrario. Llevaba su vestido de hombros al aire favorito; de gasa ondeante y de un color grisáceo carbón. Su escote iba adornado con un gargantilla de centelleantes piedras de Swarovski.

Esperaba ser recogida por el misterioso Hugo, con quien había mantenido la noche anterior una conversación ardiente; tanto que la había calentado hasta el punto que había empezado a jugar consigo misma sin casi darse cuenta. Se le había pasado por la cabeza incluso que él tendría tal fuerza sobre ella, que con sólo cruzar una mirada, podría saber lo que pasaba por su mente. Lo cual significaba que estaría por completo a su merced. A pesar de su excitación y su nueva y mejorada realidad, todavía sentía una pequeña tristeza, pues Lucas continuaba rondando por su mente.

-¡No! Sacalo de tu mente esta noche se reprendió. Esta era la primera vez que salía de su apartamento desde que su relación había acabado dos noches atrás. Se cuestionó si era una buena idea dejar los confines hogareños de su apartamento, pero luego se recordó que se había desafiado a sí misma para salir de su zona de confort - especialmente para el Día de San Valentín.

Siete en punto, y ahí estaba él, saliendo de su Toyota Celica plateado, mientras Zoe cerraba la puerta del bloque de apartamentos donde vivía. Caminando hacia la puerta del pasajero del coche donde ahora se encontraba Hugo, Zoe se dio cuenta de era incluso más atractivo en persona. Su camisa blanca estaba parcialmente metida en sus jeans y tenía sus manos en los bolsillos. Su pelo engominado, y su sonrisa familiar adornaba ahora ese rostro bien afeitado.

-Un placer conocerte en persona - dijo abrazándola y dándole dos besos en la mejilla.

-Igualmente; encantada de conocerte respondió. Sus ojos brillaban mientras lo miraba con cierto ardor y ansiedad mezclada, que no conseguía dejar de sentir. Mantuvieron contacto visual durante un momento que le pareció interminable: y fue en ese momento en el que despertó una especie de lujuria acumulada junto con un impulso animal de rasgarse la ropa de otro justo allí, en ese momento y en ese lugar. Ambos pesaron lo mismo mientras se miraban los labios, fruncidos y listos para acariciarse y sentir sus respiraciones rápidas y calientes en la piel del otro.

-¿Vamos? preguntó Hugo en voz baja. Zoe había estado bailando en su subconscientemente poniéndolo cada vez más duro.

-Sí, claro - respondió ella, mordiendo su labio y sonriendo discretamente. Él sujetó la puerta abierta mientras ella entraba en el coche. Su caballerosidad hizo desearlo todavía más.

Se dirigieron al centro de la ciudad, aproximadamente a unos dos kilómetros de distancia desde su casa. Zoe notó durante todo el trayecto, el bulto en sus pantalones, que iba creciendo a medida que ella hablaba. Eso hizo que empezase a sentir un familiar hormigueo entre sus piernas, poniéndose cada vez más cachonda, pues sabía que era ella la causante de su excitación.

Llegaron finalmente al Bar Rouge, su destino, unos de los mejores establecimientos de la zona, reconocido por sus cócteles y su despampanante decoración. Aún siendo la primera vez que Zoe visitaba el lugar, no se fijó en los muebles exquisitamente ornamentados, ni en los altos techos de época victoriana. Su mente estaba más concentrada en la polla de Hugo y en si todavía estaba dura.

Se situaron uno enfrente del otro, en la barra de madera oscura que reflejaba las numerosas lámparas de araña suspendidas sobre su superficie pulida. Aquel rincón en el que se situaron parecía estratégicamente escogido, pues se ocultaba de la vista de otros clientes; tal vez lo suficiente para no ser vistos.

Esa zona en concreto del bar tenía cinco divanes situados alrededor de una mesa esférica de mármol. Y al otro lado del sitio, el restaurante mostraba una visión frenética de camareros y clientes. Estaban tan ocupados que apenas se dieron cuenta de ellos hasta que Hugo alzó la mano para llamar a uno de ellos.

-Siento haberlos hecho esperar -dijo un apresurado camarero, cuya placa plateada reflejó el nombre de Juan. Su pelo, relativamente corto y oscuro, se aferraba tanto a su piel que gotas de sudor brotaban casi de inmediato. -¿Qué puedo ofrecerles?

-He escuchado buenas críticas sobre los cócteles de este sitio. Me encantaría probar uno que se llama Orgasmo. -dijo Zoe, mirando a Hugo por el rabillo del ojo.

Hugo lo entendió al momento y sonrió con cierta timidez, rápidamente volviendo su atención a Juan para pedirle su bebida.

-En estos momentos tenemos el restaurante completo y no tenemos personal para el bar, así que loc camareros harán lo posible para traeros vuestras bebidas. Sin embargo, podéis venir al restaurante para pedir lo que queráis -dijo Juan, mientras preparaba las bebidas a velocidad vertiginosa.

-¡Madre mía, un bar únicamente para nosotros! -exclamó Hugo y sonrió mirando a Zoe.

Zoe casi no se mantenía en pie con tanto deseo. Sabía exactamente lo que él estaba pretendía, lo cual la hizo humedecerse por completo. Estaba totalmente lista para abrir sus piernas y hacer que el se follase allí mismo.

Se sentaron con cierta vacilación en uno de los divanes.

-Creo que aquí tenemos nuestra privacidad -susurró Hugo mientras levantaba su ceja. Y tenía razón, el personal estaba completamente ocupado con el restaurante y no había otros clientes en donde estaban sentados. Sin embargo, había una puerta con una ventana cerca de la entrada del restaurante que parecía como si fuera la entrada de la cocina o alguna forma de habitación del personal. Alguien podría verlos desde allí claramente. Zoe miró en la dirección de la puerta, para investigar si alguien se movía detrás.

-No te preocupes, ven aquí- ordenó Hugo quien la arrastró cerca de él. Acto seguido y sin más dilación, empezó a besarla suavemente. La ansiedad de Zoe empezó a disolverse y dejó que la pasión tomase el control de la situación. La palma izquierda de Hugo empezó a viajar desde su cara a la parte posterior de su cuello. La sensación de su piel desnuda acentuada por la excitación que sentía mientras se movía gradualmente hacia la parte superior de su vestido, la terminó de humedecer por completo. Sus manos se movieron debajo de su sujetador, despertando el pezón que se escondía por debajo de su vestido. Las manos de Zoe empezaron a explorar el cuerpo de Hugo debajo de su camisa, parcialmente desabrochada, quitándosela de los vaqueros y desabotonando los últimos botones, hasta que finalmente pudo sentir en total libertad el torso del hombre.

Ella apretó ligeramente sus brazos musculosos, recordando la fantasía que había tenido la noche anterior. Parecían fuertes y tan capaces como en su imaginación. Él usó su mano izquierda para masajear su pecho, mientras que su mano derecha se apoyaba en su espalda atrayéndola más cerca, manteniendo sus bocas pegadas una al otra.

Estaban ahora frente a frente con sus cuerpos juntos, ella enroscando sus piernas alrededor de su espalda. Con la cremallera de sus vaqueros abierta, Hugo la echó hacia atrás, empujándola hasta caer en el diván de cuero borgoña. Desesperados y encendidos, él arrancó su vestido y ropa interior y luego introdujo sus dedos en sus partes más íntimas. Su dedo anular empezó a acariciar su clítoris de una manera sorprendentemente gentil, sobre todo teniendo en cuenta la violencia de su pasión.

Hugo la penetró con la fuerza de una tormenta; tanto que Zoe empezó a jadear en busca de aire entre los besos apasionados que llenaban su boca hambrienta.

Zoe, totalmente consciente de la flexión de sus músculos, posó las palmas de sus manos en la carne de él, que encima de ella se movía hacia delante y hacia atrás rítmicamente. Sus ojos estaban cerrados, disfrutando de todo el placer del momento pero al mismo tiempo preguntándose si alguien los había visto. Puede que alguien los estuviera observando en ese preciso momento. Ese pensamiento la encendió todavía más hasta un punto que no creyó posible.

La sensación completa de su miembro dentro de ella la empezó a llevar al clímax, incrementándose la sensación a un ritmo vertiginoso. Tuvo que morder su hombro para impedir soltar un gemido que se escuchara en todo el local, aún estando tan ajetreado. La sensación de su miembro dentro de ella le llevaba al más alto del clímax. Zoe muerde el hombro de Hugo para evitar gritar a un volumen tan audible que toda la habitación, incluyendo el restaurante, enrojeciendo como la euforia de cada centímetro cuadrado de su cuerpo.

Su orgasmo aumentó el placer de Hugo hasta que finalmente acabó corriéndose. Zoe y Hugo finalmente sonrieron, relajados ya. Mucho más calmados. Hugo intentó discretamente subir su cremallera y se sentó derecho, ayudando a Zoe, que se volvió a vestir rápidamente. Inspeccionaron la habitación en busca. De una improvisada audiencia, pero no parecieron encontrar señales de ello, ya que los camareros seguían en su continuo trajín. Sin embargo, entre todo ese ir y venir de gente, Zoe descubrió a alguien, que se camuflaba entre los camareros, pues tenía una camisa similar y que miraba ahora directamente hacia ella.

Zoe se rió.

-Parece que sí tuvimos un espectador- exclamó, señalando al sujeto con el que había mantenido contacto visual.

Se rieron discretamente.

-Eso fue increíble- dijo Zoe, mientras terminaban el resto de sus bebidas -¡Nunca he sentido tanta adrenalina en mi vida!

-Sí, estoy totalmente de acuerdo. Y ahora una pregunta; ¿cómo describirías tu sexualidad?- preguntó él, levantando la ceja sensualmente y observándola con intensidad.

-Emm, ¿quieres saber lo que me atrae?"

-Sí

-Ah, bueno… sólo he estado con hombre, pero supongo que estoy abierta a nuevas propuestas -respondió, bastante intrigada.

-Genial… ¿haces algo mañana? -sonrió él, con un brillo en sus ojos.

-Me apunto para lo que sea. ¿Qué tienes en mente?

Hugo no contestó. En lugar de eso sacó el móvil de su bolsillo y empezó a escribir. Luego se tumbó hacia atrás.

-¿Pedimos otra ronda? -preguntó, mirando alrededor de la habitación, buscando un camarero, y claramente ignorando lo que Zoe le había preguntado.

-Claro- respondió ella, aunque con recelo, dejando ver que no había respondido a su pregunta. Consiguieron finalmente atraer la atención de un camarero y pidieron su segunda ronda de bebidas. Hugo parecía esperar algo cada vez que miraba el móvil mientras conversaban.

"Claro". Respondió ella de una manera como quiera decir 'no has respondido a mi pregunta'. Consiguieron atraer la atención de un personal y empezaron a pedir una su segunda ronda de bebidas, Hugo parecía esperar a algo pues de vez en cuando miraba a su móvil entre la conversación. Al cabo, emitió la señal de que había recibido una notificación.

Su expresión quedó iluminada, al igual que la pantalla de su móvil mientras lo miraba y luego miraba a Zoe, que todavía estaba intrigada.

- Bueno, mañana paso a recogerte de nuevo a la noche a la misma hora.

-Vale… ¿qué debo ponerme? ¿Qué llevo?

-Solo ponte algo sexi- dijo, guiñándole el ojo.

Terminaron lo que quedaba de sus bebidas y caminaron hasta la entrada. La brisa fresca del aire nocturno de febrero les dio mientras caminaban la pequeña distancia al coche. Pararan frente al bloque de apartamentos de Zoe, y ambos se sentaron allí con el motor apagado.

-Me gustó mucho esta noche. Gracia por todo. He tenido unos días terribles y ahora me encuentro haciendo algo que nunca pensé que haría. Por no hablar de salir a tomar algo con un tipo que he conocido en una página de citas… O lo que acabamos de hacer en ese bar -dijo Zoe, riéndose.

-Gracias a ti también. Me divertí muchísimo esta noche. Y para mañana tengo mucho más que darte -le dijo él, con una promesa en sus labios.

Ella se despidió y entró en su piso. Tirando las llaves sobre su mesa, todavía en desorden. Limpió un poco y pensó en revisar su móvil. Tenía algunas llamadas perdidas; algunas de sus amigas y un par de ellas de Carlos, que había estado especialmente preocupado. Algunas pertenecían a compañeras del trabajo y tres de ellas a… Lucas.

-¿Pero qué diablos quiere ahora? Desterró cualquier intención de devolver la llamada. Lucas no valía la pena. Borró sus llamadas y su número. Luego envió mensajes a todos sus amigos y les mencionó explícitamente que había estado fuera en una cita. Y que estaba perfectamente bien.

-¡Adelante con el positivismo! -se animó, mientras se acostaba en su cama y revivía la emoción de esa noche, reconociendo que apenas recordaba la última vez que se había sentido tan viva.

“ Me pregunto qué me esperará para mañana”, pensó.

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