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San Valentín parte 1: De tristeza a la seducción - Un preludio a un cuento promiscuo

Por enésima vez Zoe introdujo la cucharilla en el recipiente de helado que cogía entre unas manos poco compasivas. Los esqueletos de cartón de un par de botes descansaban a sus pies. Se había desplomado en su sofá, y ahora contemplaba sin misericordia los botes vacíos de helado, víctimas de su necesidad insaciable de comerlos hasta la última gota. Una masacre de dulce congelado.

-He ahí… los dos hombres en mi vida que no me dejan muerta de asco -murmuró amargamente mientras estrujaba con sus manos el logotipo 'Ben & Jerry’s' que decoraba el recipiente. Después de dos vasos y medio, su estómago le empezó a rugir de dolor; nada comparado, sin embargo, con el dolor que sentía por dentro. Otra clase de dolor metafísico pero más duro de soportar. No obstante, continuó con su banquete particular de helado hasta que el abismo sin fondo que había roto su alma se llenó de nuevo, en un vano intento de suavizar su tormento; una especie de analgésico lleno de azúcar que en realidad, nunca serviría para el propósito buscado.

Su teléfono se iluminaba como un neón de Brodway para luego volverse oscuro de nuevo. Sus amigos l habían estado llamando sin cesar, en un intento de hablar con ella. Claramente el mensaje corto y vago “estoy bien. Besos” que había enviado esa noche, no había sido suficiente para disuadirlos. Seguían preocupados, y con razón. La noche anterior, la que había sido su pareja durante tres años, la dejó, a tan sólo una semana de San Valentín, esa época del año en el que todo el mundo conspira para demostrar su enamoramiento. ¿Cómo diablos se iba a quedar sola ese día? ¿Qué había hecho mal?

Sus razones para romper con ella habían sido bastante dudosas; sus amigos insinuaron que él se había estado acostando con otra mujer. Aunque habían sido delicados con sus palabras, para no hacerle daño a su estado frágil, se lo habían dejado caer suavemente.

-¡Lucas no me haría eso! -exclamó Zoe. Al instante recibió miradas de preocupación poco convencidas de quello. Su grupo de amigos la acunaba como una niña, le limpiaba las lágrimas de su rostro y peinaban su cabello, apartándolo de su cara. Eso había pasado anoche, justo después de lo que había sucedido. Necesitaba estar sola y despejar su cabeza. Ayer la negación la había encapsulado, como si fuera un plástico de burbujas protegiendo un objeto frágil. Veinticuatro horas de tortura mental constante sin dormir, pensando en los casos que recordaba y que contradecían su negación. Los suficientes como para que empezase a percatarse de la realidad. Al fin y al cabo, sus amigos probablemente estaban en lo cierto.

Mientras que esta noche sus pensamientos eran completamente lo contrario de la noche pasada y aún sabiendo que sus amigos estaban realmente preocupados, no se sentía capaz de hablar de la situación e intentaba evitarlos. La realización de lo que había pasado de verdad, empezaba a alterar sus sentimientos y pensamiento, y éstos se acababan transformando en rencor.

-Maldito idiota de mierda, follándose por ahí a todo lo que mueve -gritó, de repente, mientras arremetía contra los botes de helado y luego recogía su portátil.

-¡Si tu vas a follar por ahí, yo también voy a follar por ahí! -exclamó, presa de la ira. Con el ceño exageradamente fruncido empezó a presionar con furia las teclas de su portátil.

En su furiosa búsqueda, había acabado en un sitio de citas casuales para sexo sin compromiso. Zoe nunca solía salir de su pequeña zona de confort y jamás se había planteado usar un sitio como ese, mucho más allá del horizonte que ella consideraba cómodo. Sin embargo, en este momento fue catalizada por un cóctel de ira y celos alimentado por la rabia. Quería darle una lección. Una lección que le enseñaría que ella podía hacer lo mismo que él, pero mucho mejor.

Creó su perfil en el sitio y empezó a buscar hombres cerca de ella. Envió mensajes a algunos de ellos, cuyos perfiles le habían llamado la atención, y, a continuación, colocó su portátil todavía abierto en la mesa, con la fiera determinación de tenerlo todo bajo control. Simplemente navegando por el sitio y enviando mensajes a algunos chicos, le hacía sentir como si estuviera logrando una pequeña y deliciosa venganza.

Zoe se aventuró en la cocina, pisando los paquetes vacíos de comida, fotografías destrozadas y fundas de edredón esparcidas al azar que ahora cubrían casi todo el piso. Sacó una botella de Chardonnay del frigorífico y con la otra mano tomó una copa de vino grande del armario, con una gran sonrisa dibujada en su rostro.

Se sentó de nuevo en el mismo sillón, que había ido formando la perfecta forma de su trasero, después de todas la horas que pasó sentada en la misma posición. Ahora, con más convicción, con la espalda bien erguida y con más determinación, vertió el líquido rojizo en la gigantesca copa.

-¡Salud! ¡Por nuevos comienzos y una nueva yo! -exclamó, a la nada, levantando el vaso ligeramente en el aire.

-¡Ay! ¡Y por más positivismo! Tengo que ser una persona más positiva y aceptar que estar soltera en San Valentín no está tan mal. Y también, ¡salud por haberme desecho de un bastardo mentiroso que no merece una buena mujer! ¡Y salud porque le voy a pagar con la misma moneda! Después de este discurso alentador, pero resentido, a sus amigos invisibles, empezó a beber de la copa hasta que la vació por completo. Luego vertió más vino hasta volver a llenar la copa. Al poco, empezó a sentir la calidez del sueño llamándola con un dedo seductor, después de todo un día sin dormir. Cerró los ojos y se dejó embargar por veinte segundos de felicidad serena.

Zoe despertó desorientada, “¿Qué hora es?” La tonalidad anaranjada de la luz sobre la sala no le reveló demasiado sobre la hora en la que se encontraba. Arrastró su dedo por el trackpad de su portátil, también en invernación tecnológica, hasta que la brillante luz blanca la hizo parpadear varias veces. 3:50 de la mañana; había dormido 7 horas y pocas ganas tenía de ver la cantidad de llamadas perdidas y mensajes que su móvil había acumulado en ese momento. Se le ocurrió entonces comprobar si tenía algún mensaje en el sitio web de citas.

Colocó su portátil encima de su piernas con eficiencia y esperó con anticipación a que la página se cargase. ¡Tres chicos le habían respondido! Con cierta euforia, empezó a leerlos, esperando encontrar la vía de su salvación y venganza.

Mmm… el primer tipo le había enviado una foto con su grandiosa polla en plena erección y un subtítulo que decía: "Oye nena, ¿quieres un centímetro o 12 de estos?"

-¡Vaya! Qué lanzado este, ¿no?, dijo, riéndose. -Sé que dice que estoy buscando sexo sin compromiso, pero vayamos primero a conocernos un poco, digo yo.

El segundo mensaje tenía potencial. Decía que podía llamarlo Santi y que vivía a pocos kilómetros de ella. Había adjuntado algunos fotos a su mensaje y ninguna de ellas contenía atisbos de una polla. La mayor parte de ellas las había tomado en frente del espejo con su móvil; aunque no eran de la mejor calidad, por lo menos podía ver que era bastante atractivo.

El candidato número tres sin embargo, estaba buenísimo. Le gustó inmediatamente lo que vió. Había adjuntado un par de imágenes de muy buena calidad. En una se mostraba la parte superior de su cuerpo, y la otra parecía haberla hecho en una noche de fiesta, con una camisa a rayas puesta y una sonrisa pícara que casi revelaba la totalidad de pensamientos lujuriosos que escondía. Le había escrito un pequeño párrafo:

"Oye, Zoe475, Gracias por el mensaje. Me alegra que te guste mi perfil. Me gusta lo que veo en tus fotos y lo que he leído en tu descripción, especialmente esa foto que tienes en bikini. Me ha puesto bastante cachondo. Siento ser tan directo; normalmente soy un caballero, pero mi instintos salvajes me han impulsado… por no imaginar lo que te haría si te tuviera cerca. Si te apetece podríamos hacer una video llamada y conocernos un poco mejor. Muymorboso25”

Zoe sintió mariposas en su estómago y un hormigueo entre sus piernas. Estaba tan bueno que la sensación salvaje que mencionaba se volvió recíproca. Su mano derecha se movió por instinto hacia su entrepierna, bajo la corta camisola que llevaba puesta a modo de pijama. Las puntas de sus dedos acariciaron ahora su ahora extremadamente sensible área, que clamaba su atención mientras estudiaba el perfil de muymorboso25. Había diez fotos cargadas, una de las cuales era privada. Cada foto era más sensual que la anterior; cada imagen que miraba la ponía más cachonda. Esa imagen privada, borrosa, inspiró sus deseos más lujuriosos, tanto que acabó sucumbiendo al deseo. Se perdió en un estado hipnótico de erotismo profundo, tanto que apenas fue consciente de lo que hacían sus dedos dentro de ella.

Él no era la definición clásica de un Adonis, pero conseguía ver unos musculatura bien formada y definida. Se imaginó la fuerza que tendría para empotrarla contra una pared, mientras la penetraba duramente y simultáneamente sentir el abrazo y contacto corporal tan cerca y tan fuerte, con el sudor surcando sus pieles desnudas, al igual que lo haría un lubricante natural. Este pensamiento, tan vívido y tentador en su imaginación, la llevó al punto más alto de su éxtasis. Su respiración se aceleró con más fuerza, y arqueándose hacia atrás en el sofá, dejó escapar un pequeño grito de éxtasis que terminó con el silencio contenido en la habitación.

Ahora ya relajada, saboreó el momento, sintiendo el puro placer de su alivio y excitación. Y allí tomó una decisión. Sentándose de nuevo, presionó el botón de respuesta al mensaje de muymorboso25,. Dentro del cuadro de mensaje, ingresó su dirección de Skype y mordió su labio mientras esperaba conteniendo su respiración.

"Mejor ponerme algo más presentable" se dijo, corriendo y tropezando con la cantidad de objetos dispersos en el piso de madera. Cogió su cepillo y empezó a pasárselo por el pelo, que después de un día de abandono, estaba lleno de nudos. Se puso una camisa fina, unos leggins y algo de maquillaje, sobre todo para ocultar el hecho de que había estado llorando tanto que había tenido que utilizar una caja entera de pañuelos. Volvió a su portátil, justo a tiempo para comprobar que su skype había empezado a sonar....

Tembló un poco, emocionado, mientras deslizó su mano sobre el trackpad y le dio clic al icono de respuesta. Inhaló profundamente. En una ventana apareció el objeto de su reciente fantasía, justo en el centro de la pantalla. Llevaba una camiseta de color azul que marcaba unos brazos musculosos y capaces. Su cabello, parecido a una sombra, podría describirse como “caoba”, y sus ojos, a pesar de la mediocre calidad de la imagen, podía ver que brillaban de un color azul zafiro profundo. Tragó saliva.

-Hola -dijo él sonriendo encantadoramente, pero al mismo tiempo entreviendo un toque pícaro y travieso.

-Hola -respondió ella también. -¿Cómo estás?

-Bien, pero mucho mejor ahora que puedo verte -respondió él, sin dejar de sonreír. -Gracias por contestarme. Veo que te uniste hace apenas un par de horas. ¿Has hecho alguna vez algo así?

-No -respondió Zoe, un poco aliviada -Esta es la primera que hago esto… estoy un poco nerviosa la verdad.

-Ah bueno… no te preocupes, no muerdo -dijo y su sonrisa viajó por su rostro, revelando un exagerado descaro, tango que Zoe terminó riéndose. ¿Cómo te llamo? ¿Por tu nombre de usuario?

"Bueno, mi verdadero nombre es Zoe así que sientete libre de llamarme así, si lo prefieres. ¿Y tú qué? ¿Eres Muy Morboso Veinticinco?

-Puedes llamarme Hugo -dijo él, guiñandole el ojo.

-Ah… como Hugo Boss -djio ella, riéndose.

-Pues sí nena.

Hablaron durante toda una hora. Hablaron de aquellos pasatiempos que tenían en común, donde habían viajado y de sus fantasías, con un persistente matiz de mutuo deseo. Zoe explicó, con diplomacia, su situación. Que estaba en una misión para convertirse en una persona más positiva y vivir más espontáneamente la vida. Eso sí, no reveló su reciente terminada relación.

-Te diré algo, Zoe. Déjame que te lleve a tomar una copa mañana a la noche. Que esa se la primera de muchas noches positivas.

Ella respiró, preparándose para hablar, pero parecía que la adrenalina se había apoderado de su mente, e impulsada por la emoción, simplemente respondió.

-Sí, me parece bien.

¿Quieres saber lo que va a pasar? ¡No te olvides de leer la parte 2 aquí!


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